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El avaro derrotó al Pirado

Y al final un comerciante conocido por su avaricia patológica fue el que le infligió la primera derrota pública al Pirado. Ocurrió en un conocido bar del centro lugareño.

Lo vio venir. Ya tenía data, como cuadra en un avaro de estirpe. El avaro siempre tiene información. Es el dueño de un bar (entre decenas de propiedades y comercios que lo categorizan como un avaro próspero), y además con un amplio conocimiento del territorio, por tratarse de un vecino nacido y criado. Es tan avaro que hace un par de años enloqueció al enterarse que un cliente del bar le venía robando unos sobres de azúcar y sacarina, y ordenó a los mozos retirar de las mesas todos los sobres habidos y por haber. Un hombre con esa patología también es el retrato de un pirado, en este caso de un pirado por el dinero. Es debido a esta poderosa razón que en la antevíspera ocurrió el encuentro fatal, un choque de trenes que finalmente terminó ocasionando la primera derrota del Pirado.

Ocurrió cuando nuestro personaje entró al bar y tropezó con la figura del dueño. El Pirado le preguntó si podía hacer tiempo en una mesa porque estaba esperando a su hermano. El avaro accedió. El Pirado, entonces, fue por más: le preguntó si mientras tanto no había problemas en que le trajeran una milanesa con papas fritas. El avaro también accedió, pero en la barra le dio una curiosa orden al mozo: le dijo que se acercara a la mesa del Pirado y cuando éste le pidiera lo que iba a comer, él solamente le dijera cuánto le salía el plato.

El mozo obedeció. Se paró delante del Pirado, hizo que anotaba el pedido y trascartón descerrajó la adición: "Son 300 pesos", le dijo. La sola mención del importe desacomodó al Pirado, le hizo maquinar inminentes adversidades. Pensó: me va a cobrar apenas traiga la milanesa con papas fritas o incluso antes, o sea ahora mismo. Y reaccionó poniendo reversa, actuando exactamente tal como lo había imaginado el avaro.

"Ehhhh.. mejor espero a que llegue mi hermano y pedimos juntos", le dijo el Pirado al mozo. Cinco minutos después, disimulando la humillación, se levantó de la mesa y se fue del bar. Lo que demuestra una cosa: que el Pirado está pirado pero que de boludo no tiene nada.

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