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Frank

¿Y quién no lo podía querer si él, así, mansamente, era la risa abierta, el abrazo íntimo, la nobleza del apellido? Frank y su sombrero de vecino y caballero. Frank, el de la política, el del peronismo, el del teatro, que a los 78 años se nos ha ido de cada metro cuadrado de la ciudad que amó.

"Lo voy a extrañar tanto", me dijo el Colorado Lester, su hermano y agregó: "Es que me consentía en todo". Se llevaban tres años y lo habían compartido todo, pero sobre todo las dos pasiones que heredaron del padre, don Jorge Lester: el peronismo y el teatro. Genética de familia que perdura en los hijos de los hijos.

Compartí con Frank -lo conocí por Aníbal Tuculet, quien siempre lo llamaba así, reduciendo el nombre- tres mesas de café a lo largo de por lo menos veinte años. "La mesa de las causas perdidas", fue la primera. Tal vez la más intensa. Eran los 90, una década que marcó al país y a Tandil. Tras la muerte de Aníbal, en el desaparecido bar "La Uni" nos sentamos en torno a "La mesa de los tibios". El nombre tenía que ver con los golpes que ya nos había dado la vida y la ironía con que nos tomábamos la bajada de los decibeles propios de la edad. En el bar La Vereda compartimos con otros parroquianos "La mesa La Rosca", donde la política era prácticamente el tema central de la charla.

Frank sobresalía, a menudo, por su ingenuidad, por esa bonhomía que era como un duende que llevaba adentro de su sombrero. Fue concejal, fue presidente del Concejo Deliberante y marchaba derecho a su candidatura a intendente cuando lo quisieron embocar con uno de esos golpes bajos de la política. No lo merecía y con el tiempo el hecho fue una anécdota menor que además él supo perdonar. Frank también fue actor y director de teatro en el Tandil de los años felices. Dejó decenas de anécdotas hilarantes en el momento del teatro filodromático de la ciudad, cuando Pascual Pina recibía a los jóvenes actores bajo el precepto de que "en el teatro se sufre", y formó parte de un hecho completamente inefable e irrepetible. Fue él quien me contó los entretelones vividos durante la filmación de la película "La búsqueda", un film de producción y dirección local donde actuó. En la avant premiere -durante la primera y única vez que se proyectó la película en el Cine Excursionistas- debió ser asistido por el ataque de risa que lo doblegó cuando el protagonista aparecía entrando al mar en las playas de Ipanema y al cuadro siguiente se lo veía salir nadando de las aguas del Dique, mientras un tipo del fondo de la sala pegaba el grito: "¡No nadaste nada, Gorosito!". Esta escena fantasmagórica supo contarme en una mesa del Bar Ideal, llorando de risa y llegando a la siguiente conclusión sobre su papel en aquel film bizarro y surrealista donde hacía de un mayordomo homosexual: "Nunca supe por qué estuve en esa película".

Así era Frank. Eso era en sí mismo, un hombre tocado por la musa del buen humor, el fervor de la amistad, el amor incondicional a los suyos y la creencia de que el peronismo había nacido para ayudar a los que menos suerte habían tenido en la vida.

Lo quisimos y lo queremos mucho. El plural va por todos esos amigos a quienes se les piantó un lagrimón cuando lo vieron dormido para siempre y con su sombrero a los pies. Sus restos serán inhumados este miércoles a las 11 horas en Pradera de Paz.

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