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La última campaña

 "Podría volver a mi casa, disfrutar de mis nietas, aunque una no me atiende el celular porque está de novia... Podría descansar en familia, pero siento que todavía queda lo mejor por hacer", dijo Miguel Lunghi a la hora -por si había que hacerlo- de explicar la razón de su última presentación como candidato.

El argumento del intendente devela su animalidad política: no hay nada en la vida que le guste más que lo que hace. Y para seguir haciendo ese trabajo o para dejar de hacerlo expone absolutamente todo su capital político atesorado a lo largo de un ciclo irrepetible con las leyes de la política: en las urnas y a todo o nada.

El bicentenario se convirtió en un puerto a llegar, pero es mucho más que una consigna. El número impacta: Tandil en 2023 cumplirá 200 años. En 1923 el gobierno decretó un mes de festejos ante la centuria. Ciertamente fue un momento bisagra para la ciudad. El discurso oficial registró el cambio de época: al pie del Parque Independencia y del monumento a Martín Rodríguez los oradores hablaron de una ciudad que había dejado la niñez para entrar en su adolescencia. El futuro estaba por venir: la Usina en 1936, la industria metalúrgica en los 40, la Universidad desde los 60, apenas tres tópicos que llegaron después del centenario.

Los dieciséis años de Lunghi moldearon de alguna manera -en articulación con la actividad privada que siempre movió la palanca del desarrollo en Tandil- la forma de la ciudad del bicentenario. En su discurso de anoche el intendente expresó un boceto de lo que falta, o de lo que se viene: el polo logístico con su playa de camiones, el cambio en la recolección de residuos, las grandes obras hídricas. Muchos de estos proyectos se tratan bajo el paraguas del Acuerdo del Bicentenario, que es de lejos institucionalmente el foro de pensamiento y acción que articulado por el Municipio y la Universidad y con más de 70 instituciones tiene en sus manos esas grandes temáticas que se van trabajando camino a 2023.

El acto del lanzamiento de su candidatura en el comité radical dejó en claro algunas particularidades. Primero, la identidad de la gestión. La palabra Cambiemos estuvo una sola vez en boca del intendente, quien acepta esa coalición por conducta partidaria, pero focaliza su praxis política en la fortaleza de la cuestión local, su vecinalismo intrínsico y la gestión comunal. Es cierto que ayer le habló a los radicales que colmaron el comité, pero su discurso -incluso o sobre todo desde aquel septiembre de 2003- fue socialmente integrador, fundado en la tandilidad como sustancia, mucho más allá de su concepción partidaria, donde volvió a consagrar su credo de fe como "radical de cuna y de tumba", hoy casi una excepcionalidad en la volatibilidad banal de la clase política argentina.

Hubo un hecho innovador: al quedar la organización del acto en manos de la juventud y su militancia, bien podría decirse que su contenido y su estética también revelaron la transición en marcha. "Nosotros, la juventud, no sólo somos futuro; también somos presente", dijo uno de los oradores para de inmediato aclarar: formamos parte de la mesa de decisiones del gobierno y queremos más lugares en esos espacios. Jóvenes milenians ya se ubican en las segundas líneas del gobierno; pronto también se sumará la generación centelians, esos chicos de entre 18 y 24 años que apenas eran unos niños cuando Lunghi llegó al poder. Son dos generaciones, además, que nunca conocieron la derrota. La aridez del llano. El dolor de ya no ser. Y viven en Tandil una excepcionalidad política tomando en cuenta el naufragio y la diáspora del radicalismo en orden nacional.

La campaña interna dentro de la UCR que se avecina también demuestra en Tandil una particularidad interesante: los jóvenes están con el candidato viejo (Lunghi), y algunos de los viejos con el candidato joven (Nicolini). Si bien ya se conocieron encuestas que marcan una tendencia importante en favor del intendente, Lunghi entró en un proceso de reinvención de la mística que construyó junto a un puñado de radicales e independientes durante los agotadores siete meses que duró la campaña hacia el 14 de septiembre de 2003. Competir, en política, suele ser el más adrenalínico de los estimulantes. Y no hay ofensa que le duela más que lo consideren un político a quien por edad se le pasó el cuarto de hora.

Consciente de que ayer empezó de lleno su última campaña (la ley ya no le permitiría ir por otro mandato, amén de la biología), Miguel Lunghi le hizo saber a sus correligionarios de todas las franjas etarias y a la sociedad en general que su familia deberá seguir esperando, y que la mejor de sus páginas todavía está por escribirse.

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