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Apogeo y crisis del Food Truck

Surgieron hace menos de dos años y obligaron a crear una ordenanza regulatoria. La fuerte crisis económica ha menguado notablemente la actividad comercial de los camiones gastronómicos. Diez unidades de las treinta habilitadas ya fueron dadas de baja por sus propietarios, y el resto intenta sobrevivir a la penuria o vender las casillas.

Los Foods Trucks han descripto una parábola fugaz y sorpresiva que va de la curva en un rapidísimo ascenso -acompañado por las nuevas tendencias gastronómicas de consumo al aire libre- a un declive pronunciado al compás de la tétrica recesión económica. Todo ello sucedió en menos de 24 meses. Y lo que sonaba como la instalación avasallante de una moda que había llegado para quedarse, hoy, sencillamente, lucha por sobrevivir. Los números son claros: sobre una masa crítica de alrededor de 30 Foods Trucks habilitados por la Dirección de Inspección del Municipio, 20 de ellos todavía están activos y 10 ya se dieron de baja. Pero entre los veinte activos, buena parte de los comerciantes intentan vender la casilla y recuperar al menos algo de la inversión, si pensamos que el costo de un Food Truck oscila entre 300 mil y 500 mil pesos puesto en la calle. 

Su estelar aparición en Tandil obligó -por presión corporativa del empresariado turístico-gastronómico- al dictado de una ordenanza. La multiplicidad de los eventos al aire libre -que es la verdadera razón de ser de los Foods Trucks- parecía señalar un cambio de época en los hábitos de consumo y recreación de los vecinos. Pero lo cierto es que la calamidad de la economía también cayó sobre el negocio de los camiones gastronómicos que, para funcionar en ese contexto, requieren de algo más que la mercadería que producen y el público dispuesto a comprarla: el entorno demanda la realización de shows, espectáculos, entretenimientos para la familia, impuestos,sonido y toda una logística que obliga a cada emprendedor a un gasto de 20 mil pesos promedio para financiar la movida. Con el consumo en picada, este costo se hace prácticamente irremontable para la mayoría; pueden afrontarlo aquellas empresas que tienen al Food Truck como una presencia indispensable por el marketing de la marca y su posicionamiento en el mercado. Sumado a todo esto se incrementó la competencia interna de marcas entre los distintos rubros de Food Trucks, un tema que también afectó la rentabilidad.

Un dato inapelable dicta el rigor de la crisis para los camiones gastronómicos: en la última Semana Santa el producto más consumido fue el cono de papas fritas, es decir lo más económico de la oferta. En el actual contexto la actividad se vuelve cuesta arriba para el rubro; paradojalmente, mientras crece la desocupación y el cierre de comercios, en Inspección General aumentan los pedidos para la licencia de carros de venta ambulante, mayormente de pochoclos y salchichas. No quedan en Tandil demasiados lugares estratégicos para la disposición de nuevas bocas de venta ambulante.

Otro rubro en extinción -por la agonía del papel a manos de las plataformas digitales sumado a la malaria económica-, es el kiosco de chapa con venta de diarios y revistas. De 50 escaparates habilitados a lo largo de la ciudad, quedan activos no más de 20 y la mayoría dentro de la zona del centro y las cuatro avenidas.

Es lo que hay, y todavía falta pasar el invierno.

Fotografía: plandenoticiastandil.com

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